Mi nombre es Flor, creadora del proyecto Para les árboles, un espacio en el que me dedico a crecer en la técnica del tejido al crochet y sus diversas formas de expresión. Mi abuela Romana fue quien me enseñó desde pequeña cada punto y cada vuelta, hasta llegar hoy a crear mis propios diseños.
Recuerdo a mi abuela sentada frente a sus rosas, con un hilo de coser y una aguja muy finita, mientras tarareaba alguna canción que le nacía del corazón. Yo me sentaba junto a ella y la observaba fascinada. Siempre me decía: “Contá bien los puntos, es importante lo que pasa por tus manos”.
En este camino tuve la oportunidad de acompañar a otres en el aprendizaje y compartir un saber y oficio que me acompaña desde hace mucho tiempo. De él aprendí no solo la técnica, sino también el valor de los procesos, de sostener el deseo y la atención en cada tejido, de recuperar el tiempo propio y, tal vez lo más importante, de valorar nuestra energía y ese tiempo que tantas veces se pierde entre el trajín cotidiano.
Mi abuela Romana insistía mucho en dos cosas: “contá los puntos, m’ijita”, para recordarme que el tejido sucede en el tiempo presente, que cada nudo conduce al siguiente y que, si es necesario, hay que destejer para volver a encontrar el rumbo; y también que dedicara tiempo valioso a lo que me gusta. Por eso escribo y tejo, tejo y busco la ronda. Porque lo que más me gusta es tramar en ronda.
Como tejedora, me gusta crear prendas y elementos amorosos, nacidos de un proceso nudo a nudo, lleno de calidez y abrigo. Una trama que acompaña, sorprende y motiva; una conexión ancestral que siento al tejer con mi energía y la de mis abuelas. Vengo de un poderoso linaje de tejedoras de hilos y palabras.
En Flor de Luna muchas somos tejedoras de hilos, palabras y deseos. Quiero nombrar especialmente a nuestras compañeras del Grupo Mapik, creadoras de las sororitas y de los señaladores de las agendas.
Nos reconocemos parte de un linaje de manos compañeras que tejen amorosamente en ronda mientras conversan, se conocen y sueñan.
Es una labor ancestral, de tiempos largos y concretos. Cada punto pasa por nuestras manos e intenciona tejidos que hablan de nuestra historia, de nuestra tierra, de quienes somos y de quienes podemos llegar a ser.
Por eso, Trama Lunar es una creación compartida con Flor de Luna Ciclicidad Consciente, inspirada en las ilustraciones de Camila López y acompañada amorosamente por Noe, confiando en la importancia de darnos tiempo y espacio para crear con paciencia, sostén y presencia, así como lo hacía mi abuela.
Lo más precioso de esta propuesta es que quienes me acompañan a llevar adelante esta faja son mis compañeras. Crear una faja para acompañar el ciclo menstrual y nuestra protección fue posible gracias a este sostén concreto y a la convicción de darle voz a la tejedora que soy, y animarnos, a pesar de todo, a emprender en red.
Esta faja es una creación colectiva.
A fin de cuentas, compartimos una trama común que nos encuentra, que trae a nuestras ancestras a la memoria y nos recuerda que nos acompañan siempre. Cada tiempo es importante.
Esta faja tiene además una impronta de colores muy particular. Cuando pienso en los tonos rojos, mi memoria visual me lleva al más intenso y brillante. Me recuerda la sangre y la época de las manzanas en los viajes por el valle. Tal vez porque ese rojo nos dispone de otra manera: nos alienta, nos hechiza y nos convoca a la memoria de un cuerpo-tierra-fruto vibrante, fuerte, elemental y propio.
Durante los días del ciclo menstrual, el invierno, los tiempos gestantes y de puerperio, así como en procesos de cuidado energético, emocional y espiritual en los diversos contextos que habitamos, esta faja quiere ser compañera de calor, alivio, protección y conexión con nuestro centro: Entre nuestros deseos y la fuerza de este color habita quizás la razón más íntima de esta faja: compartir vitalidad, protección y conexión con nuestra raíz en la tierra y con nuestros frutos rojos de abundancia.
Cada día y cada tiempo son diferentes y complejos: a veces más mentales, otras más orgánicos. Todo va siendo. Sostengamos esta escucha rojo raíz que nos cuida en cada momento. Que su intensidad brillante sea un recordatorio, un manifiesto:
Este cuerpo que habito es fuerte, poderoso, mi gran compañero en esta vida. Gracias.
En medio de esta urdimbre de deseos también fortalecemos la confianza entre nosotras al elegir el trabajo comunitario por sobre las dinámicas del mundo actual. Descubrimos una abundancia distinta cuando recuperamos la mirada en cómo podemos fortalecernos y sostenernos en contextos complejos.
Y hay reflexiones que nos encuentran en esta misma urdimbre: van tramando confianzas al elegir el trabajo comunitario, que se vuelve más abundante que vertiginoso cuando logramos mirar cómo sostenemos y fortalecemos nuestros procesos en contextos atravesados por lógicas que no tienen que ver con lo creativo, como las del capital y el mercado, pero que igualmente habitamos en este tejido sistémico y citadino.
Es un debate constante para quienes emprendemos y nos dedicamos a lo hecho a mano, lo chamano, nuestras creaciones atravesadas por ancestralidad, vida, espíritu, identidad, ciclos en movimiento, alegrías y duelos:
¿cómo dialogar con un contexto que enreda las visiones y los caminos?
Por eso avanzamos más despacito, punto a punto del tejido, con estrategias colectivas, confiando en el pulso intuitivo que surge entre todas.
¿Te sumás a tramar con nosotras?


